Errores comunes al dimensionar una instalación de aerotermia
Un equipo mal dimensionado —de más o de menos— es la causa número uno de que una instalación de aerotermia decepcione.
Dimensionar significa calcular qué potencia necesita realmente tu vivienda para mantenerse a la temperatura de confort en el día más frío del año, y elegir un equipo acorde. Parece sencillo, pero es la parte del proceso donde más se falla, con consecuencias que se notan en la factura durante años.
1. Sobredimensionar "por si acaso"
Instalar un equipo más potente de lo necesario no da más margen de seguridad, da peor rendimiento. Una bomba de calor sobredimensionada hace ciclos de encendido y apagado más frecuentes (short cycling), lo que reduce su eficiencia real, aumenta el desgaste del compresor y empeora el confort, porque la temperatura oscila más de lo deseable.
2. Infradimensionar para ahorrar en el presupuesto
El error contrario también es frecuente: elegir un equipo más barato y menos potente para bajar el presupuesto inicial. El resultado es que, en los días más fríos del año, el sistema no llega a la temperatura deseada, o depende de una resistencia eléctrica de apoyo que dispara el consumo justo cuando más se necesita eficiencia.
3. Copiar la potencia de la caldera antigua
Un error de principiante —y sorprendentemente común— es elegir la potencia de la bomba de calor igualando la de la caldera que se sustituye. Las calderas suelen estar sobredimensionadas por diseño, y trasladar esa misma potencia a una bomba de calor no tiene sentido: el cálculo debe partir de la carga térmica real de la vivienda, no del equipo anterior.
4. No tener en cuenta el aislamiento real
Dos viviendas de la misma superficie pueden necesitar potencias muy distintas según su aislamiento, orientación, tipo de ventanas y altura de techos. Un cálculo de carga térmica serio revisa estos factores estancia por estancia; una estimación genérica basada solo en metros cuadrados suele quedarse corta o pasarse.
5. Cómo evitarlo
- Exige un cálculo de carga térmica documentado, no una estimación a ojo.
- Desconfía de presupuestos cerrados sin visita previa a la vivienda.
- Pide que te expliquen en qué datos se ha basado la potencia recomendada.
- Compara al menos dos presupuestos con metodología de cálculo similar.